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Costa Rica: el nuevo epicentro de la inversión patrimonial de alto valor en América Latina
La inversión inmobiliaria de alto valor en Costa Rica ya no responde únicamente al deseo de tener una segunda residencia frente al mar o en la montaña. Hoy es una decisión estratégica. Una apuesta patrimonial respaldada por estabilidad, sostenibilidad y visión de largo plazo.
En la última década, Costa Rica se ha consolidado como uno de los destinos más atractivos de América Latina para inversionistas internacionales que buscan proteger y diversificar su patrimonio. La combinación entre estabilidad institucional, seguridad jurídica, apertura al capital extranjero y un entorno natural excepcional ha creado una ecuación difícil de replicar en la región.
Más que un destino: una decisión patrimonial
Desde la experiencia de más de veinte años de Terraquintas, el crecimiento del mercado no es casual. Responde a un entorno país que ofrece calidad de vida, infraestructura en evolución y políticas claras de protección ambiental.
El mercado inmobiliario costarricense ha madurado. Hoy opera bajo estándares globales de sostenibilidad, eficiencia y planificación responsable, lo que ha elevado el perfil del comprador y el tipo de proyectos que demanda.
El nuevo inversionista internacional
El perfil del inversionista extranjero ha cambiado radicalmente.
Antes predominaban jubilados y familias en búsqueda de una segunda residencia. Hoy participan:
Profesionales remotos que combinan trabajo y calidad de vida
Familias en procesos de relocalización parcial
Empresarios que integran uso personal con estrategia de inversión
Grupos patrimoniales que diversifican portafolios con activos respaldados por tierra
Este nuevo inversionista exige más que ubicación privilegiada. Busca proyectos con sostenibilidad real, infraestructura eficiente, servicios complementarios y comunidades integradas al entorno.
La tendencia se inclina hacia desarrollos de baja densidad, privacidad, integración paisajística y un equilibrio entre exclusividad y conexión con la comunidad local.
“En Terraquintas hemos respondido a esta tendencia con desarrollos de baja huella, comunidades sostenibles y lotes que priorizan vistas, topografía natural y acceso responsable al entorno”, afirma Donny Pichardo, CEO de la empresa.
Los tres ejes que definen la decisión de inversión
Hoy la decisión patrimonial gira en torno a tres factores fundamentales:
Claridad jurídica y predictibilidad institucional
Calidad de vida: clima, seguridad, naturaleza y servicios
Capacidad de protección y revalorización del activo a largo plazo
A estos factores se suma un elemento que ha dejado de ser accesorio para convertirse en determinante: la sostenibilidad.
La sostenibilidad como pilar estructural
En el mercado actual, la sostenibilidad no funciona como discurso comercial. Es un criterio estructural de inversión.
El 90 % de los compradores internacionales consulta desde el primer contacto por prácticas relacionadas con manejo responsable del agua, conservación del paisaje, baja densidad, materiales sostenibles, energía limpia y gobernanza ambiental.
Este interés es particularmente fuerte entre inversionistas de Estados Unidos, Canadá y Europa, donde la conciencia ambiental ya forma parte del análisis financiero.
“En Terraquintas, este enfoque no es una tendencia: es parte del ADN del proyecto desde la planificación hasta la operación”, señala Donny Pichardo.
Acompañamiento integral: un factor decisivo
El proceso de inversión patrimonial también se ha sofisticado. Hoy el acompañamiento es clave e incluye:
Asesoría técnica, legal y financiera
Procesos rigurosos de due diligence
Diseño bajo criterios sostenibles
Gestión postventa
Modelos de gobernanza comunitaria que protejan el valor del activo
Este nivel de soporte genera confianza y reduce la fricción en decisiones de alto valor.
Retos y oportunidades del desarrollo sostenible
El desarrollo inmobiliario sostenible en Costa Rica enfrenta desafíos importantes: procesos regulatorios complejos, mayores costos iniciales y brechas técnicas en construcción verde. Además, aún existe la necesidad de educar al mercado para entender la sostenibilidad como una inversión y no como un gasto.
Sin embargo, la experiencia operativa demuestra que el modelo es viable, rentable y valorado tanto por el mercado local como internacional.
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